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Propiedades del Vinagre de manzana

El vinagre de manzana se fermenta en dos procesos diferentes, y es durante este tiempo que adquiere las enzimas y los nutrientes que le dan las propiedades de un perfecto generador de energía. Entre los compuestos que definen las propiedades del vinagre de manzana podemos mencionar minerales como el calcio, el sodio, el potasio o el ácido málico y de forma destacada la pectina, que ejerce una acción saciante y laxante similar al de la fibra. Algo importante es que estos componentes se encuentran presentes en el vinagre de manzana de forma totalmente equilibrada.

Los diferentes minerales tienen funciones destacadas para cada tipo de afección. Así, el Potasio ayuda a evitar la moquita, fortalecer el pelo y los dientes, amén de facilitar la eliminación de la retención de líquidos. El Ácido málico protege contre las infecciones de bacterias y de hongos. El Ácido acético, principal componente y fuente del sabor amargo del vinagre, baja los niveles del pH y así previene de infecciones intestinales tanto de bacterias como de hongos. La Pectina como decíamos antes, además de ayudar a saciar y a evacuar, regula la presión arterial y disminuye el colesterol alto.

Algunos de los beneficios del vinagre de manzana consumido habitualmente son una mejora en la textura y el color uniforme de la piel. Además promueve un sistema inmune sano, facilita la digestión y libera las toxinas de nuestro organismo. El vinagre de manzana es un antiinflamatorio natural tanto para el dolor interno como para las irritaciones cutáneas o el acné.

Tanto por su efecto diurético como por el hecho de aumentar el metabolismo al tomarse antes de las comidas el vinagre de manzana es un ideal aliado en el control de peso. Tomado con agua en ayunas, también es eficaz contra el estreñimiento.

¡Al rico gazpacho!

Ya hemos visto que hidratarse es muy importante para reponer los líquidos perdidos por la sudoración, sobre todo ahora en verano. Por otro lado, las frutas y verduras nos aportan nutrientes muy beneficios. Entonces, ¿qué te parece hidratarte y alimentarte a la vez con una de las “sopas frías” más famosas del mundo? Hablamos, por supuesto, del gazpacho.

Los ingredientes del gazpacho son muy sencillos: pan, aceite de oliva, vinagre y hortalizas crudas, entre las que no pueden faltar cebolla, pepino, pimientos, ajo al gusto y, sobre todo, tomate. Curiosamente, en su origen el gazpacho no llevaba verduras de ningún tipo, sino que se componía simplemente de pan remojado en agua, aceite y vinagre, al que a veces se añadía ajo o almendras. Este tipo de gazpacho se consumía ya durante el siglo VIII en la España del An-Ándalus. El gazpacho “moderno” no fue posible hasta mucho más tarde, ya que dos de sus ingredientes básicos (pepino y tomate) no se conocieron en nuestro país hasta que Colón los importó de América y además tardaron bastante tiempo en popularizarse, ya que las gentes de aquel tiempo los miraban con sospecha por serles desconocidos.

Históricamente, el gazpacho ha sido siempre muy popular entre los trabajadores del campo. Con la llegada del latifundismo al sur de España se inició la costumbre de pagar a los jornaleros en especie, dándoles alimentos en lugar de un sueldo. En Castilla y Extremadura era frecuente que les dieran dos libras de pan y aceite “para el gazpacho”; así surgió la figura del gazpachero, que era el trabajador de la cuadrilla encargado de preparar el plato moliendo y mezclando los ingredientes aportados por todos.

En el siglo XIX el plato empezó a popularizarse también entre la clase burguesa, que le aportó la costumbre de servirlo con pequeños trozos de hortalizas o “tropezones”. La internacionalización del plato comenzó con Eugenia de Montijo, consorte de Napoleón, que se llevó la receta a Francia. Con la llegada del turismo a España en la década de los 60, el gazpacho se hizo popular en todo el mundo y en la actualidad es uno de los platos más reconocidos de la famosa “dieta mediterránea”. Y con razón, ya que sus propiedades nutritivas son excelentes: una taza de gazpacho nos aporta vitaminas C, A y E, diversos minerales, fibra vegetal, hidratos de carbono, grasas saludables y numerosos compuestos antioxidantes como el licopeno, todo ello por menos de 100 calorías. Además, tiene efectos isotónicos (lo que le convierte en un producto ideal para favorecer la hidratación) y vasodilatadores.

Recetas de gazpacho hay tantas como gente con ganas de prepararlo, ya que las proporciones de los diferentes ingredientes dependen del gusto personal. Aquí os dejamos una de la página Sabor Mediterráneo que nos parece muy completa:

Ingredientes para 4 personas

6 tomates maduros grandes y carnosos

2 pimientos verdes

1 pimiento rojo

1 pepino

1 corazón de cebolla grande, 1 diente de ajo (opcional)

2 rebanadas de pan del día anterior sin la corteza

Sal, aceite de oliva virgen extra, vinagre

Tiempo de realización: 20 minutos

Preparación

1) Poner a remojo las rebanadas de pan. Se colocan en un cuenco con agua hasta cubrirlas, añadiéndoles un poco de sal y aceite. Se reservan.

2) Pelar y trocear los tomates, los pimientos sin semillas, el pepino, la cebolla y el ajo.

3) En la batidora eléctrica, coloque la mezcla de ingredientes en una o varias tandas, añada un poco de agua y triture hasta conseguir una crema. Se añade el pan con el agua, el vinagre y se bate nuevamente hasta conseguir que todo esté bien triturado y emulsionado.

4) Añadir agua fría y mezclar bien. Comprobar el punto de sal y vinagre.

5) Pasarlo por un colador chino o un pasapurés, para eliminar la piel de pimiento.

6) Añadir más agua si fuera necesario. Introducirlo en la nevera hasta conseguir la temperatura deseada y en el momento de servir rociar con un chorrito de aceite de oliva virgen extra, que mezclaremos con una cuchara de madera.

7) Se sirve con una guarnición de pepino crudo cortado en dados, cuadraditos de pan (normal o tostado) y pimiento y cebolla picados. Cada elemento en un platito aparte para que los comensales puedan servirse a su gusto.

¡Que aproveche! Y para terminar, una cita “gazpachera” del mismísimo El Quijote que no podíamos dejar de compartir:

“Más quiero hartarme de gazpachos, que estar sujeto a la miseria de un médico impertinente, que me mata de hambre”