Cerdos ibéricos criados bajo el sol de España volarán en el futuro, cada vez con más frecuencia, a las mesas mejor puestas de Shangai, Hong Kong o Beijing. No exactamente los cerdos, sino el mejor jamón ibérico de las dehesas españolas.
La frase jamón ibérico de bellota en China va camino de acuñarse como un destino comercial para la producción española y como un trend topic de la promoción de los productos naturales europeos y de calidad en el gigante asiático.
El motivo de que el flujo comercial de las ventas en Extremo Oriente aumenten es el resultado de la coincidencia de dos fenómenos que el exportador español ha hecho coincidir y ha aprovechado.
El primero dar salida a los excedentes de jamón ibérico que el mercado nacional en recesión no es capaz de absorber tras el desarrollo de la industria en los últimos veinte años. El segundo elemento es el derivado de los consumidores potenciales en China.
La clase acomodada china con un alto índice de crecimiento. En 2012, los llamados chinos ricos, aquellos que superan el millón de euros de beneficios en sus carteras o en sus empresas, ya suman cuarenta millones. Y su número no para de crecer, así lo dicen las prospecciones.
Se trata de un consumidor deseoso de consumir novedades, curioso, proactivo, enormemente imitativo de tendencias, que se deja seducir por las excelencias y para el que el jamón ibérico de bellota no es un producto alimenticio de consumo que pueda resultarle chocante.
Algo muy diferente de lo que sucede con otros consumidores de igual o menor nivel de países occidentales o de cultura occidental.
Para ese público, la forma de elaborar el producto va en contra de algunos principios culturales, los relacionados con los hábitos de conservación y de higiene de los alimentos.
Un público sensible al aspecto exterior de lo que consume bombardeado como está por una publicidad compulsiva sobre temas de salud. Para ese público, el color oscuro de la grasa oxidada protectora y exterior de la pieza de jamón ibérico no forma parte de su ideal de un buen alimento.
Por esa razón, los productores españoles llevan más de veinte años haciendo probar al público anglosajón en todo tipo de eventos y ferias, probar para pasar el corte y que el boca a boca hable por sí solo de su calidad.
El público adinerado chino, en ese sentido, es, como decimos, totalmente diferente. Y ahí es donde el jamón ibérico de bellota, el excedente, el que no se puede recolocar en este país y el de las producciones del futuro que están o estarán en bodega, tienen éso, su futuro prometedor.
Por otro lado, un kilo de jamón ibérico de bellota de máxima calidad, vendido a precio de minorista en cualquier comercio de alimentación especializado de Hong Kong e importado directamente de España, cuesta del orden de 100 euros el kilo.
Una pieza completa de jamón ibérico podría teóricamente costar 700 euros. Teóricamente, porque las autoridades sanitarias chinas, como las de otros países, sólo permiten la comercialización del producto al vacío y sin hueso.
Algo que puede considerarse una desventaja o de una ventaja al mismo tiempo, según se vea.
Desventaja, porque se rompe con la esencia de la presentación genuina del jamón ibérico, la que le da valor original, aunque el consumidor no la conozca realemente.
Y es una fórmula positiva porque se consigue llegar al mercado y a los puntos de venta como el consumidor esperaría encontrar un producto cárnico.
Sea como sea, para el jamón ibérico de bellota, el de calidad constrastada internacionalmente, cada vez más se hace cierta aquella frase con la que se destacaba la magnitud de las extensiones de Felipe II.
Aquella que decía que en sus dominios nunca se ponía el sol. En los dominios del jamón ibérico tampoco se pone el sol, salga el sol por Antequera o por Shangai.







