MEJORA LA EFICIENCIA DE TU VIVIENDA CON UNA CALDERA DE CONDENSACIÓN

Si deseas mejorar la eficiencia energética de un edificio, puedes actuar frente a dos elementos; frente al propio inmueble como envolvente térmica o frente a los sistemas energéticos que lo abastecen.

Si nos centramos en estos últimos, nos encontramos con uno de los sistemas primeros que tenemos que modificar para acercarnos a la tan ansiada clasificación energética “A” (la más eficiente y menos contaminante). Ese sistema es la caldera que empleamos para calentar el agua de la ducha o de los radiadores.

Todos los sistemas de calentadores de agua instalados hasta ahora tenían un problema. Solo podían funcionar en dos fases; o estar apagados o tener la llama encendida a la máxima potencia. Eso nos obligaba a tener que jugar con el grifo de agua fría para regular el chorro saliente a la temperatura óptima. Lamentablemente mientras no ajustamos la temperatura adecuada, perdemos una considerable cantidad de agua que se va por el desagüe.

Hace pocos años se ha empezado a apostar por una nueva tecnología; hablamos de las calderas de condensación. La caldera de condensación basa su funcionamiento en el principio físico de la extracción del calor latente que se pierde por la chimenea para realizar un calentamiento inicial del agua fría, que vuelve del circuito hacia el calentador.  Recuperamos la energía calorífica de esos humos, y de paso contaminamos menos a la atmósfera.

Las calderas de condensación se están imponiendo en el mercado gracias a los organismos públicos, que subvencionan parte de su instalación, y gracias a las campañas de concienciación que se realizan habitualmente.

Gracias a esta tecnología conseguimos calentar el agua de la calefacción, cocina y baños con un rendimiento insuperable. La caldera modula su potencia de manera automática según la temperatura a la que el fluido entra en la máquina, y regula su consumo de combustible según la cantidad exacta que necesite para conseguir el calor deseado. Así emitimos menos residuos a la atmósfera y ayudamos a disminuir los gases contaminantes que causan el efecto invernadero.

Las calderas convencionales son incapaces de recuperar el calor latente de los gases de combustión y, como se esfuerzan al máximo, la cantidad de sustancias nocivas que expulsan al aire siempre será la misma. En cambio las calderas que funcionan por condensación, reconducirán el vapor de agua caliente otra vez hacia el quemador, que alimentará de energía calorífica al combustible y no habrá necesidad de gastar más carburante.

Este tipo de calderas es una de las primeras medidas energéticas que se proponen cuando una instalación obtiene una baja calificación en el estudio energético del edificio, y su colocación, que al principio supone un gran desembolso, en poco tiempo se recupera el dinero invertido, gracias a la gran rentabilidad que supone esta tecnología.