¿Cómo llega la verdura fresca del campo a nuestras casas?

Es una pregunta que nos podemos hacer en cualquier lineal de un supermercado. Pese a que está de moda el muy recomendado “mercado de proximidad”, lo natural para el mercado de la alimentación es que la producción se centralice en otros lugares lejanos donde las condiciones de producción sean las adecuadas, y transportarlo diariamente desde ese punto a los centros de distribución, en un proceso mediante el cual se acude a pulverizadores industriales que mantengan fresco el producto por más tiempo pero también a ciertos protocolos que aseguren el punto óptimo de consumo. ¿Cómo llegan las frutas y verduras a nuestras casas como recién cosechadas?

Imagen: vitonica.com

 

La cadena logística: elemento fundamental

Para que un tomate se encuentre en perfecto estado recién cultivado en Murcia y aparezca de igual forma en el lineal de un supermercado de Madrid, tras recorrer 400 kilómetros, se debe establecer lo que se denomina una cadena logística de forma perfecta y coordinada.

 

El motivo por el cual esto es posible es que el tomate no viaja con la intención de aparecer en X supermercado al momento de la cosecha, sino que se agrupa a toneladas en camiones que viajan de forma diaria y los transportan en gigantescos centros de distribución, donde antes de que pueda pasar el tiempo necesario para que comience a perder propiedades, ya ha sido distribuido y vendido al intermediario que nos lo proporcionará para que aparezca fresco en nuestra mesa.

 

Esto sucede en cuestión de horas, no pasando más de un día según qué producto en recorrer todos esos kilómetros, por lo que no hay lugar a la espera de que desde que se recoge un tomate, se procure llenar el camión que haga rentable su traslado: este “llenado” viene asegurado por previsión y su marcha se hace de inmediato. Para ello se encargan las cooperativas agrarias de que no falte la producción que permita el tránsito continuo.

 

Protocolo de transporte y distribución

 

De nada sirve la rapidez en el transporte y la distribución, si el tomate aparece en nuestra mesa fresco, pero con signos evidentes de una mala manipulación. Para ello, se desarrollan unos protocolos que dictan las siguientes normas:

 

  • La carga y descarga debe ser minuciosa y cuidadosa
  • La duración del viaje debe ser lo más breve posible, evitando carreteras secundarias u otras vías que lo ralenticen.
  • El producto debe protegerse bien en relación a sus características.
  • Los movimientos bruscos deben minimizarse o amortiguar sus efectos
  • Deben evitarse temperaturas extremas.
  • Debe evitarse la pérdida o exceso de humedad.
  • Se debe buscar las condiciones óptimas de conservación para cada producto, y una vez conseguidas, mantenerlas todo el tiempo de forma constante.

El mantenimiento en supermercado: último eslabón

Una vez llega el producto, en este caso la fruta y verdura, al punto de distribución, se reparte entre las superficies que quieran comercializarlo y pasa a ellas la responsabilidad de que conserven adecuadamente su frescura y propiedades.

Para ello, además de no romper la cadena de frío o la temperatura medioambiental idónea de cada producto, se debe tener dispuesto en el punto de venta el lugar adecuado para que aún tenga unos días de consumo óptimo sin ver perjudicada ni ser perjudiciales sus propiedades.

Desde la pulverización de agua hasta la administración constante de bajas temperaturas, son los medios más adecuados y elegidos por las superficies comerciales para que finalmente, ese tomate proveniente de Murcia, se pueda consumir en la mesa de una vivienda de Madrid como recién cortado de la rama.

 

This entry was posted on February 28, 2017, in Compras. Bookmark the permalink.