Anticípate y pide la cesta de Navidad de tu empresa

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Hablar de Navidad justo antes de que empiece el verano puede parecer bastante exagerado. Sin embargo, como dice el refranero español; hombre precavido vale por dos, por lo que empezar a tener en cuenta los gastos navideños puede ayudarnos a ahorrar y a evitar un mayor gasto en la cuesta de enero, cuando se acumulan el pago de las nóminas extraordinarias y otros desembolsos específicos del final de año.

Uno de los gastos típicos de las fechas que nos pueden salir mucho más económicos si lo planificamos y encargamos con antelación son las cestas de Navidad para empresas . Ser de las primeras empresas en encargarlas puede suponer un ahorro notable y, en la mayor parte de los casos, no es necesario pagar con antelación si no lo queremos. A los proveedores les ayuda tener lo antes posible la previsión de encargos de cestas navideñas ya que les permite negociar mejores precios con sus respectivos proveedores, haciendo una cadena en el que la antelación es la mejor manera de tenerlo todo controlado y salir beneficiados.

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Uno de los lugares que podemos elegir para contratar nuestras cestas de Navidad al mejor precio es La Huerta de la Fundación de Ibergrupo, un centro especial de empleo para personas con discapacidad. Además de conseguir un producto económico y de calidad, contratando con esta empresa ayudas a que personas que lo necesitan encuentren una oportunidad de empleo, aportando nuestro granito de arena a una sociedad más justa e igualitaria. De esta forma, podemos cubrir una necesidad ayudando a otros a poder desarrollarse profesionalmente.

La tradición de regalar cestas de Navidad hunde sus raíces, como la mayor parte de nuestras tradiciones, en la Antigua Roma. Durante las Saturnalias, el equivalente romano de la Navidad cristiana, los ciudadanos se regalaban entre sí unas cestas de mimbre repletas de alimentos que se denominaban sportula. Una vez caído el Imperio e impuesto el cristianismo esta tradición fue sustituida por otras –los Reyes Magos en España, Papa Noel, etc…- si bien la costumbre de la cesta con comida no se recuperaría hasta principios del siglo XIX por algunas administraciones públicas y de forma bastante minoritaria.

Sería a mediados del siglo XX, junto con la recuperación de la economía tras la postguerra, cuando la empresa privada comenzó a regalar cestas de Navidad, una costumbre que se mantiene hoy más extendida que nunca, aunque los años de crisis económica han conseguido un ligero descenso de las mismas o la búsqueda de otros detalles y alternativas más económicas.

La tradición establece que en la cesta de Navidad debe ir algún –o algunos- tipo de vino o champán, embutidos –el jamón ha sido siempre el rey aunque está siendo sustituido progresivamente por otros más baratos como el salchichón y el chorizo ibérico- y turrones y dulces típicos de las fiestas. Además, empresas como Ibergrupo ofrecen cestas ecológicas, la mejor manera de respetar el medio ambiente y apostar por el desarrollo responsable con productos típicos de máxima calidad.

Aun así, no existe una cesta de Navidad protocolaria y cada empresa intenta dotarla de su propia personalidad corporativa, incluyendo productos típicos de su lugar de origen o incluso cambiando el diseño o el recipiente. Las cestas navideñas se han convertido en un elemento más de publicidad corporativa para consumo interno ya que facilitan la identificación del empleado con su marca y el orgullo del mismo por formar parte de un proyecto convirtiéndose en la manera que tienen las empresas en agradecer la labor de toda su plantilla.